19 de noviembre de 2014

Desamarrar-se

Soltalo, déjalo ir, que vuele 
que encuentre su propia voz ya no me pertenece a mi.
Soltalo al aire, deja salir del pecho este sentimiento...

"Soltarlo" de Claudia Gómez 

Soltar es un acto de entrega tan profundo, como difícil de sostener. 

Pero ¿De que hablamos cuando hablamos de "soltar"? Esa palabra que se puso tan de moda en los últimos años y que siempre formo parte de los libros espirituales que tratan el tema del apego. 

Soltar como sinónimo, podríamos decir, de liberación, de desamarrarse, de permitirse, de fluir, de dejarse SER. 

Soltar el pasado, el peso de nuestra historia personal y de una historia colectiva que se nos cuela por todas partes, a nivel cultural, a nivel humanidad, desde varios planos y puntos de vista que son infinitos de analizar.

Soltar los calificativos con los hemos sido criados, con los que hemos crecido, esos mismos que casi nos llegan a convencer de que somos eso que otros han dicho que somos. La sociedad, nuestros padres, la cultura, nuestros amigos, un maestro...y probablemente los más difíciles de todos, esos que nos ponemos a nosotros mismos. 

Soltar la mirada ajena que nombra y a la vez juzga, marca, estigmatiza, enferma, asfixia.  

Soltar la frustración, dejar ir lo que no fue, los sueños que se han hecho trizas frente a nosotros sin que podamos salvarlos, la sensación de impotencia ante lo que se deshace para no volver o para hacerlo en una forma diferente a la que imaginamos y nos cuesta aceptar. 

Soltar la indignación, la sensación amarga de la injusticia que pesa en los brazos, en la espalda y en el centro del pecho. 
Esa balanza eterna que nos carga continuamente de cosas que solo hay que aceptar y dejar ir, sin pretender comprender o compensar.  

Soltar la irreversibilidad de la muerte, sabiendo que no podemos comprender eso que no tiene inscripción porque la mente humana es finita y limitada. Comprender que no hay salvación posible, porque es el destino de todo ser viviente, es parte del ciclo. Sin la muerte, no podría haber vida tampoco. 

Soltar la melancolía cuando se vuelve crónica, cuando es una tristeza que pudre el Alma. Esa misma que a veces nos encanta con sus múltiples mascaras, engañandonos. Soltarla, desterrarla de nuestro interior, no quedarnos dormidos en sus hipnotizantes jardines más allá de lo necesario.

Soltar lo que nos daña, los que nos perjudica, todo eso que nos hace perder color, risas, brillo, conexión, calor. 

Soltar las manos de las personas que nos quitan energía, luz, vitalidad, comprendiendo que cada vinculo tiene su ciclo y su propia misión u objetivo. Aprender a soltar vínculos humanos es un acto practico que se ejerce día tras día, del cual nadie esta exento, somos seres sociales y todo ser humano busca al final del camino, amor. Y el amor es desapego, aunque parezca contradictorio, en su esencia lo es. 

Soltar incluso lo material, estamos tan apegados a lo material que ni siquiera podemos tener registro de ello. Guardamos por años objetos, fotos, miles de cosas que jamas vamos a usar, obnubilados por el recuerdo, por el apego no a las cosas en si, sino a las personas a las que pertenecían esas cosas. 

Soltar la culpa, esa sombra que nos sigue sin importan donde corramos, la que los demas nos van colgando sobre cada rincón, soltar también las propias culpas que tan difíciles de sacudir a veces. 

Soltar las expectativas, eso es clave, estamos repletos de expectativas que nos frustran y nos hacen perder el camino aferrándonos al pasado. 

Soltarse a uno mismo de sus propios amarres y limites.

Soltarse a uno mismo ¡Vaya si es un trabajo complejo ese! 
¿Soltarse hacia donde o hacia que o soltarse de que? seria uno de los cuestionamientos que tantos nos preguntamos. 

El apego emocional es sin duda el más difícil y la raíz de todo. 

El ego, que a veces es vital y muchas otras, mortal. Tan necesario como atormentador. 

Cada día estoy más convencida de que venimos a aprender eso, el bendito desapego para poder andar y ascender, más livianos.

Abrir los puños, cerrar los ojos.

Liberar, descomprimir, relajar. 

Renovar la sangre, descargar la espalda. 

Entregarse a la nada, 
saltar al vacío. 
Confiar, creer.

Renovarse a la vida.

Transformarse, 
transmutarse,
transgredir-se. 

Y por fin, volar.

N.P.S
19-11-2014

1 comentario:

Hernán Diez dijo...

Quizá en esos pequeños olvidos que tenemos de nosotros mismos haya un destello de libertad. Y la única forma que conzco de hacer eso es a través del amor y del arte. Basta con imaginar lo que sería la vida sin amor ni arte...