5 de abril de 2011

Es el Alma del mundo transformándose

En cualquier lugar donde estés siempre puedes escuchar el ruido del mundo – dijo la hechicera a Brida – es un ruido que no para nunca, que esta presente en la montaña, en la ciudad, en los cielos y en el fondo del mar. Este ruido parecido a una vibración es el Alma del mundo transformándose, caminando hacia la luz. Somos parte esencial de ese engranaje, somos responsables del Universo, porque nosotros mismos somos el Universo.


Mover el cuerpo al compás de aquella extraña vibración que nos rodea hace siglos y desconocemos, puede resultar extraño hasta que nos sintonizamos.

Cuando los planetas se mueven en el espacio infinito, producen el mantra esencial, Om. Él es también parte primordial de este sonido del mundo. Como si fuera la base.

Danzar la música del Universo, la melodía perfecta, es sanador.

Una danza ancestral que toda hechicera sabe, es una vibración siempre presente que nos acompaña desde los albores del Universo y que desconocemos.

Esta suave melodía, enciende por las noches las estrellas del cielo, abre las puertas del día. Cuando nos sintonizamos con ese ritmo infinito, tiemblan todas las Almas,

calla el viento, calla el hombre y se arrodillan hasta los Ángeles.

Es el Alma del Universo quien la produce, junto a la percusión del latido de nuestros corazones sintonizados. Una música que le otorga alas al corazón, expansión a la mente

vida y alegría a cada célula de todo lo que existe.

Es como el eco de la existencia misma, un sonido que parece imperceptible pero es inmensamente poderoso. Sin embargo parece ser que no conseguimos convivir con los secretos del mundo y sin embargo todos ellos están frente a nosotros. Será porque lo esencial es invisible a los ojos, hasta que por fin abrimos el tercero junto a los ojos del Alma y poder entonces observar sin dualidad, sin sombras, desde lo más puro que somos. Abrir los ojos y despertar de la ilusión, maya, para no volver a dormirse en lo irreal.

Los ojos de la Verdad permanecen siempre abiertos para el verdadero buscador.

Ese que sabe que su propia existencia es una incógnita, el que acepta el misterio y no detiene nunca la procesión hacia el interior.

El que mantiene sus ojos cerrados, no encuentra, porque las respuestas laten en todas partes. Nos susurran al oído constantemente desde que llegamos a este planeta.

Por eso es importante tener en cuenta que no siempre lo que vemos es lo que existe y que no siempre lo que existe es lo que vemos. Poder discernir esto desde el más ancestral conocimiento puede ser un trabajo de siglos, que sin duda, vale la pena.

Tomémonos de las manos, te invito a bailar al compás de la música del Universo.

Descubramos juntos cuantos ritmos hay aún por acompañar.

N.P.S

05/04/11



1 comentario:

wozeurey dijo...

Gratitude is the sign of noble souls.

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