6 de noviembre de 2009

Silencios públicos

En la sombra de mi propio reflejo dialogan el silencio y la palabra. Un espejo ajado los enfrenta cuestionando lo inexorable. Sombras y luces bailan a la par de mis latidos y el tiempo pierde espacio, y el espacio gana tiempo.
La palabra se vuelve verborragica, cargada de defensas, de proyecciones, de lo que somos aunque intentemos negarlo. Así es la palabra, un ataque de frente o una cascada de rosas. Las palabras se nos escapan como flechas que hieren al prójimo antes de que podamos frenarlas. Las palabras chocan, hacen ruido, son tan arbitrarias como ridículas. Las palabras tienen peso, a veces pueden ser rocas gigantes y otras sutiles algodones, pero siempre poseen una impresionante capacidad de impacto, en lo ajeno y en uno mismo. La palabra tiene tantas cualidades absurdas como necesarias, tantos matices como interpretaciones. A veces parecen penetrar al otro, casi lo traspasan como una espada, como la espina de una rosa, las palabras. Ellas simulan permanecen intactas e inmóviles mientras manipulan las zonas más oscuras de cualquier mortal.
¡Ah pero el silencio…nada más descriptivo que él! Su voz es alada, su estrategia sigilosa, y sincera su esencia. El silencio no miente, nunca miente. Delata porque es humano y nos engloba, todos caemos bajo esa regla. Hipnotiza sin pedir permiso y preexiste a nuestra propia voluntad. Porque todos callamos alguna vez, porque el silencio no siempre es olvido, porque nos excede, nos habla, nos calla. El silencio apacigua nuestras turbulentas aguas internas, efecto fugaz de la vida moderna. El silencio permite escuchar nuestra respiración y mantener el ritmo interno, en todos los planos. El silencio nos conecta con la esencia propia y ancestral, con el todo. El vacío esta poblado de silencio…y por eso nos produce tanto terror. Porque el silencio nos desnuda, nos deja indefensos frente a lo desconocido, en ese punto en que las palabras no median y pierden su peso, el silencio toma forma y posición, y entonces habla.
Siempre será el silencio el sonido más ensordecedor, el interrogante existencial que más preguntas contiene, las respuestas disfrazadas, las complicidades entretejidas, la voz de las estrellas. Lo que late y perdura cuando las palabras se extingan . Lo que tejen las miradas, es silencio. Lo que las bocas gritan al tocarse, lo que las manos dibujan en el aire, el espacio entre un Alma y otra, es silencio.
Poderoso y sutil compañero, el silencio…ojala nunca calles .


N.P.S

06/11/09

1 comentario:

* Pauli dijo...

siempre ame este escrito ...q belleza amiga ...gracias t quiero